La Constelación busca restablecer “El orden del amor” es decir las pautas y ordenamientos que rigen en lo esencial la vinculación dentro del sistema familiar. Estos órdenes son inconscientes y se conocen por los actos de las personas y los efectos de dichos actos dentro del sistema en cuestión.
Cuando se alteran los ordenes se bloquea el amor y el buen fluir de las relaciones entre los integrantes de la red familiar, del mismo modo en el sistema del que se trate. Como ya se sabe hay una conciencia familiar que vela por el cumplimiento de Los Ordenes en el sistema, imponiéndose a los deseos personales de cada miembro. Esa es la base fundamental de la terapia en constelaciones que pretende incluir a todos, que busca que se tomen en cuenta y sean mirados hasta los que pensamos que nos avergüenzan como parte de nuestras familias. En el sistema familiar todos tenemos un lugar y debemos ocuparlo.
La trasgresión de los órdenes del amor en las interacciones humanas será el origen de los conflictos y las discordancias internas que pueden llegar a manifestarse como patologías individuales, familiares, grupales o sociales. Cada ser humano trae en si mismo toda la información de sus antecesores tanto a nivel psíquico como a nivel físico. Es aquello que llamamos herencia y se encuentra impreso en lo más profundo de nuestro ser, en nuestros genes y en el inconsciente colectivo de nuestra familia y tiene la capacidad de ser transmitida de generación en generación.
Así pues algunos heredan la capacidad de ser el alma de la fiesta, otros los ojos grandes de la madre, alguien el cuerpo regordete de la abuela, quizás la sazón al cocinar, la capacidad de hacer música, ser comerciante o deportista, también se hereda la capacidad de perder niños espontáneamente, la lealtad de morir en un accidente, el amor es tan grande que puedo dañar mi vida para honrar al tío borracho que murió en la calle, en fin amamos a los nuestros, y los recordamos inconcientemente y eso es la herencia familiar, en realidad ellos no desean eso para nosotros ellos quieren que hagamos algo bueno con la vida, pero no somos concientes de tan grande amor, así pues heredamos el buen o mal carácter, gustos determinados, la diligencia, la fuerza y el compromiso o las tendencias depresivas, neuróticas, psicóticas u obsesivas que caracterizaron posiblemente alguno de nuestros antepasados.
Somos parte del campo morfogenético de nuestra especie y particularmente del campo morfogenético de nuestra familia. Allí se alberga toda la información de nuestra historia familiar la conozcamos o no. Esta historia está impresa en nuestras células llevando un orden que permite que la vida fluya a través de nosotros. Este orden se traducirá en bondades y también en conflictos no resueltos que se hayan podido generar en el seno de nuestras familias. Como mencionamos al inicio, analógicamente los seres humanos formamos parte de constelaciones que parten de ser familiares para ampliarse a otros grupos humanos.
Reconocernos como parte del conjunto, encontrar cual es nuestro lugar, responsabilizarnos de él, honrar a los que vinieron antes, incluir a los que fueron ocultados o no tomados en cuenta, agradecer la vida….es sanar.
“Detrás de todo comportamiento, por extraño que parezca, actúa el amor. Y detrás de los síntomas que una persona presenta, siempre actúa el amor.”. “…también la solución pasa por el amor.” (Bert Hellinger).